Todo mundo ha escuchado historias de fantasmas, historias de suspenso o de terror; relatos sobre cómo el amigo de un amigo fue perseguido en su casa de (inserte aquí el nombre de algún pueblo vacacional) por alguna (bruja/fantasma/aparición/niña diabólico/otros(especifique)). Y muchos otros más han sido partícipes activos en alguno de esos encuentros con el más allá. Pero nadie sabe en verdad qué sucede, dónde termina el misterio de lo desconocido y dónde empieza el lucro de Carlos Trejo.
Independientemente de la religión de la cual se sea seguidor (si es que alguno la profesa) o si «cree en fantasmas» o no, existen hechos que siembre nos ponen a pensar en su causa porque utilizando todo nuestro raciocinio no encontramos explicación lógica (para nosotros) posible. Situaciones en las que no había viento para decir que él movió la taza, o fusible quemado que bajó la luz, situaciones en las que la salida fácil podría ser «todo es mental, subconsciente» pero aún así es apelar a algo que no dominamos (salvo que seamos eminentes psicoanalistas, cosa que dudo mucho).
Historias fantasiosas nos sobran, desde la
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